Escritas < su sangre y el vaho

Juntas en suma las fracturas, las masas, la dermis y el fragor,
las muescas que reclaman ser letras,
letras que se pronuncian sólo en su propia suma.

Suma de dos y dos que después de la revolución ha vuelto a dar cuatro
y que al enterarse el oficial ha dejado de un salto ventanal el mullido cocktail,
empuña una servilleta en la siniestra, adelanta sus carnes y clama sin ecos por su sangre y el vaho.

Todo se ha vuelto inflamable y yo porto en esta faja que me está matando
bombas de fósforo, armas de metal denso
y mi desesperanza es mucho peor que mi pecado.

Tañe el badajo en el pasillo en que agonizan los mariscos
y vuelve la furiosa flor del percoladero a la ínfima totalidad de su belleza inusitada contestataria y muda.

Un rápido asalto en un local de comida violenta.

(Castro Ceñudo).