Después del robar es que ha venido la sangre a crispar las arterias
y la pérdida es total y no ha de llorarse lo derramado por otro.
Después del robar es que he lacrado mi carta y la he visto fundirse en el blanco de un millar.
Ha de Pedro además, una lágrima precipitado un lunar en el dorado terciopelo que arropa su calva.
Yo no he podido. Aturdido ante el umbral recuerdo el puerto con dulce tristeza y no he podido.
El mudo hierro de las campanas esconde un nudo de murciélagos y su camada.
tañido y batir de sordas alas negras sobre el ígneo ocaso del puber
crucificado es exhibido el más viejo, escarmiento para la prole.
treinta años después mancho temeroso y también temerario.
temeroso de su penitencia de tiniebla, temerario en su oscuridad.
(Neftalí Reyna)